El papado aviñonés y la Corona de Aragón en la época anterior al Gran Cisma: aspectos de una fiscalidad en auge

Autor convidat
Esther Tello Hernández
Institució Milà i Fontanals - CSIC Barcelona

Ya en el transcurso del siglo XIII, Roma se había convertido en una ciudad poco segura y nada cómoda para los papas. Las interminables luchas entre familias nobles como los Colonna, Orsini, Caetani…, y la cada vez más evidente influencia francesa, hicieron que los pontífices y su corte residiesen fuera de esta urbe durante largos periodos de tiempo. Así, fundamentalmente Viterbo u Orvieto habían sido lugar de descanso y trabajo de la curia papal.

Palacio de los Papas (Aviñón)

Aproximadamente, entre 1309 y 1377 Aviñón fue la sede del papa. A esta etapa se le conoce como la época del papado aviñonense y ha sido objeto durante mucho tiempo de numerosos mitos y leyendas, tal y como muestra el hecho de que durante mucho tiempo se acuñó para este periodo el calificativo de cautividad de Babilonia. Con todo, la historiografía ha demostrado que si bien el centro de la cristiandad se trasladó a esta ciudad francesa, ello no ralentizó el desarrollo de la curia romana. Todo lo contrario, en este periodo encontramos un momento decisivo en el proceso de centralización administrativa de la curia en general y de su aparato financiero en particular (THEIS, 2010).


Lista de los papas de Aviñón. Capilla de san Marcial. Palacio de los papas. Aviñón

Bertrand de Got, arzobispo de Burdeos, fue elegido papa en 1305, adoptando el nombre de Clemente V. Fue coronado en Vienne de camino a Roma, pero tras errar unos años, en 1309 se asentó en Aviñón, donde permaneció la sede oficial de los siete papas de origen francés hasta 1378. Enclave geográfico fundamental en el valle del Ródano, Aviñón fue considerado por muchos como verdadero centro geográfico de la cristiandad. Por lo que aquí interesa, desde un primer momento, el periodo aviñonés supuso la multiplicación de beneficios eclesiásticos y el surgimiento de nuevos impuestos, germen de una maquinaria fiscal que ya estaba en marcha. Con el pontificado de Juan XXII (1316-1334) se consolidó la tendencia centralizadora de la Curia romana, reforzándose asimismo el sistema fiscal pontificio (MORELLÓ, 2009).

La Cámara Apostólica, definida como la superintendencia financiera de la Iglesia, centralizaba los ingresos de los diferentes territorios de la cristiandad, divididos en colectorías. Tal y como nos muestra la obra clásica de N. del Re, la Cámara estaba regida por el Camarero, de quien dependía el tesorero y demás oficiales de un complejo aparto administrativo (del RE, 1952). Desde el punto de vista fiscal, conviene destacar aquellos impuestos o tasas que se percibían a través de los funcionarios que operaban en los distintos territorios, y proporcionaban unos ingresos más o menos fijos y previsibles para las arcas del papa; aunque variaron notablemente según lugares y épocas. Así podemos encontrar las anatas, rentas del primer año de un nuevo beneficio otorgado por el papa; la reserva de procuraciones o visitaciones, en concepto de hospitalidad y hospedaje; los derechos de expolios o las sedes vacantes de beneficios, cuando un titular abandonaba su cargo hasta el nombramiento de uno nuevo, etc. (LEVILLAIN, 1994). Según los cálculos de autores como Y. Renouard, los ingresos del papado se situaban por detrás de lo recaudado por la monarquía francesa o inglesa, pese a lo cual se encontraban entre una de las rentas más altas de los soberanos europeos (RENOUARD, 1941).

Organización administrativa de la Curia Pontificia (s. XIV): La Cámara Apostólica (según BUSQUETA I RIU, J.J.; MARTÍNEZ I RODRÍGUEZ, C., "L'acció dels recaptadors pontificis a Sant Andreu de Palomar (1348): Aplicació de mètodes gràfics per al seu estudi", en Finestrelles, nº4 (1992), pp. 19-46, p. 20.)

Por el hecho de ser uno de los impuestos que mayores posibilidades de estudio tienen, así como por mostrarnos la relación entre papado y monarquía, nos referiremos a continuación a la décima pontificia y a su percepción en la Corona de Aragón durante el reinado de Pedro el Ceremonioso (1336- 1387).

Este impuesto extraordinario se gravaba teóricamente con el 10% de las rentas anuales de los beneficios eclesiásticos. Se generalizó en 1274 en el II Concilio de Lyon con el fin de financiar las cruzadas a Tierra Santa, aunque nos podríamos incluso retrotraer al siglo XII con la promulgación del llamado diezmo Saladino (MARDIERE; CHEVREAU, 2012). Con todo, según numerosos autores, la décima fue una de las imposiciones más gravosas de la clerecía bajomedieval en el occidente europeo en general y en la Corona de Aragón en particular. A lo largo del siglo XIV y sobre todo desde la segunda mitad del mismo, observamos cómo este impuesto pasó a ser recaudado de forma regular y con un destino final que distaba de su función primigenia, al servicio de la monarquía. Normalmente los beneficios de la décima se repartían entre el papado y la Corona, siguiendo el esquema general de 1/3 para la Cámara Apostólica y 2/3 para el monarca, aunque esto dependía de lo establecido en la bula de promulgación de cada una de ellas. En el caso de la Corona de Aragón, durante la segunda mitad del siglo XIV, se destinaron a una empresa bélica fundamental: Cerdeña.

Conviene recordar que los reinos de Cerdeña y Córcega habían sido entregados en feudo al rey Jaime II por el papa Bonifacio VIII, con el fin de solucionar los conflictos existentes entre la dinastía de los Anjou y la Corona en el reino de Sicilia. La isla estaba dividida en juzgados y en ella tenían gran influencia los ducados de Pisa y Génova. Entre 1323 y 1326 finalizó la ocupación pisana de la isla y se incorporó oficialmente Cerdeña a los dominios del Ceremonioso.

Mapa de la Corona de Aragón a mediados del siglo XIV (MONSALVO ANTÓN, J.M., Atlas Histórico de la España Medieval, Barcelona, 2010.p. 243)

Con todo, las revueltas sardas y las tensiones territoriales hicieron que la isla fuese una preocupación fundamental para la corte aragonesa durante más de 30 años. Desde la segunda mitad del siglo XIV y con las rebeliones del juez Mariano IV de Arborea, el enorme gasto causado por Cerdeña exigió también la rápida recaudación de grandes cantidades de dinero (SÁNCHEZ, 2005). A la situación de la isla, además había que sumar el difícil momento por el que se pasaba en relación al reino de Mallorca. A lo largo de la segunda mitad del siglo XIV, Pedro el Ceremonioso buscó reincorporar dicho reino a la Corona. Así lo hizo en 1343, pero las tropas del infante Jaime de Mallorca se rebelaron y asediaron numerosos lugares del norte del principado, siendo especialmente virulentos los ataques de los años 1373 y 1374, coincidiendo con un periodo de pestes y carestías que afectaron a todo el occidente mediterráneo. Todo ello sin olvidar que la guerra de los Dos Pedros con Castilla (1356-1369) había finalizado hacía poco tiempo, dejando la Corona en una situación bastante delicada.

Ante este panorama, huelga decir que las arcas regias estaban exhaustas y necesitadas de dinero, y con unos ingresos insuficientes y un gasto cada vez más elevado, resulta comprensible que se acelerara la petición de ayudas extraordinarias por parte de la monarquía a los territorios de la Corona, solapándose unas con otras desde mediados del siglo XIV (SÁNCHEZ, 2009).

Estas demandas continuas y la elevada presión fiscal ponen de manifiesto, por tanto, que los recursos financieros y materiales de los que disponía el rey eran insuficientes. Paralelamente se observa que los canales de recaudación eran lentos y que la monarquía necesitaba obtener el dinero de un modo más rápido. Por ello se recurrió al préstamo de financieros privados que demostraron ser capaces de movilizar rápidamente grandes sumas a cuenta de la posterior recaudación de los donativos.

Imagen de Gregorio XI. Basílica de san Pablo extramuros. Roma

En este contexto se produce por tanto la concesión de las décimas al rey Pedro el Ceremonioso del periodo aquí expuesto. Recordemos, que cuando el papa Gregorio XI llegó al pontificado en 1370, la situación financiera de la curia era también muy delicada. Los ingresos ordinarios se mostraban insuficientes para financiar las políticas de envergadura europea, tras los gastos de la guerra del cardenal Albornoz en Italia, los embistes las monarquías francesas e inglesas y la guerra de los Cien Años. Pese a todo, como decíamos, conviene recordar que Cerdeña era feudo de la Santa Sede y, por tanto, asunto de importancia en Aviñón y un punto de encuentro entre la monarquía aragonesa y el papado.


Lista de las décimas pontificias concedidas al Ceremonioso durante el pontificado de Gregorio XI (1370-1378)

En consecuencia, el estudio de las décimas nos permite conocer las transferencias a las arcas reales de este impuesto de origen pontificio, que se situó al servicio de la monarquía. Además, desde el momento de concesión de una décima, se ponía en marcha un aparato administrativo donde intervenían miembros del clero así como funcionarios de la corte; como porteros y comisarios reales, que participaban en la recaudación e incluso en la propia gestión del impuesto.

Así, el papa nombraba a un colector general para toda la Corona de Aragón, que en la época anterior al Cisma, estaba formada por los siguientes Obispados: por un lado, la provincia Tarraconense compuesta por Tarragona, Girona, Barcelona, Vic, Urgell, Tortosa, Lleida y Valencia; por otro lado, la de Zaragoza, formada por Huesca, Zaragoza, Tarazona y Segorbe-Albarracín. Por último, encontramos el obispado de Elna que pertenecía a la provincia de Narbona, y el de Mallorca que era feudatario directo de la Santa Sede. En suma, este personaje se puede definir como un oficial local que mantenía una parte de la administración pontificia en los reinos cristianos (LE ROUX, 2000), aunque sus funciones aún están por definir de un modo más esclarecedor.

Obispados de la Corona de Aragón a mediados del siglo XIV

A lo anteriormente señalado, en cada obispado el colector general designaba a uno o varios subcolectores. Estos cargos, si bien no pueden ser considerados como elites de la jerarquía eclesiástica, llevaban pareja una responsabilidad destacada. La mayoría eran canónigos diocesanos y su labor consistía en cobrar las cantidades recaudadas de los beneficios gravados por la décima.

Una vez percibida la colecta, resulta de enorme interés observar la gestión de los ingresos y analizar cómo la mayor parte de lo recaudado se destinó a pagar a financieros barceloneses- así como a otras instituciones-, que prestaron dinero a la monarquía para la empresa sarda en el contexto arriba descrito.

Para concluir, conviene señalar, que cuando los ejercicios contables finalizaban se debía rendir cuentas al Maestre Racional, al menos de la parte referida a la monarquía. Como se ha indicado anteriormente, el resto de la décima se derivaba directamente a Aviñón, como ya se ha puesto de manifiesto para comienzos del siglo XV (MORELLÓ, 2009).

Todo esto sucede hasta 1377, momento en el cual Gregorio XI decidió retornar a Roma. Así, dejando en Aviñón siete cardenales, el pontífice se embarcó en Marsella rumbo a Roma. La llegada a la ciudad eterna se produjo el 17 de enero de 1377. El papa moría el 23 de marzo del año siguiente. Comenzaba así el Cisma de occidente y el llamado periodo de indiferencia de la Corona de Aragón que duró hasta la muerte del Ceremonioso, pero esto ya es otra historia.

Nota del Grup Harca: Aquest post és una col·laboració d’una autora convidada, a qui públicament agraïm el seu esforç.